Padre Mariano de Blas L.C.
A UN PASO

Dios es abismo de Amor,
torrente de felicidad,
éxtasis de la vida.
Tenerlo tan cerca
y morirse de hambre,
la fuente a unos pasos
y morirse de sed,
la hoguera alumbrando en torno
y morirse de frío.
El amor cerca del corazón…
Sólo unos pasos tenía que dar...
Vivir cerca de la luz
y morir en el túnel de las tinieblas...
De seguro hay una iglesia
cerca de tu casa, y allí está El...
Creer, esperar y amar
Debes cultivar las virtudes teologales: muy teologales virtudes pero que, si no las haces tuyas, se quedan en eso, en teologales. SAN JOSÉ DE NAZARETNazaret es el pueblo más grande de la tierra, por más que Natanael preguntase un día con asombro si de Nazaret podía salir algo bueno. De Nazaret ha salido lo mejor para la humanidad. Nunca tan pocos hicieron tanto por todos los hombres: Jesús, María y José. San José era descendiente del rey David. Pero se parecía a uno de esos nobles empobrecidos, que había perdido toda su hacienda y no ostentaba en su escudo más que un serrucho y una garlopa. Era pobre, como su esposa. Dios no quiso quitarles la gloria de ganar el pan con el sudor de su frente. Muy poco sabemos de su vida. Ignoramos el día de su nacimiento y el día de su muerte.
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Debes hacerlo como Él
Si perdonas en nombre de Cristo, debes hacerlo como Él. ¡Qué difícil! Pero hay que intentarlo porque Cristo quiere perdonar, y el hombre necesita ser perdonado, y tú eres, bien o mal, el ministro del perdón. No te canses de absolver, aunque falte mucho para igualar al modelo; no te canses de limpiar las almas que son joyas para Dios; pero si además lo tratas de hacer como Él lo haría, ¡mil gracias! Necesitan los hombres sentir la mano de Cristo en el hombro, el beso de Dios en la frente; la mano que enjuga las lágrimas. Tú eres esa mano y ese beso de Dios; intenta hacerlo como Dios. Si bendices como Él, te bendecirán; si enjugas lágrimas con idéntica ternura, ellos te amarán; si les besas en la herida purulenta, sanarán. ¡Qué difícil! Pero tienes que intentarlo, aunque al principio no te salga igual; intenta hasta que seas de verdad ese Cristo en la tierra, ese Cristo que los hombres odian, y que, sin embargo, necesitan más que el pan y el vino. Te necesitan como el pan y como el vino; no te escondas de ellos, aunque sólo en el cielo te lo agradezcan. Tus manos deben acostumbrarse a absolver y hacerlo con gusto y con amor; tu corazón debe aprender a perdonar, a perdonar mucho, a perdonar con amor. Si perdonas en nombre de Cristo, debes hacerlo como Él. |





